El libro infantil: un camino a la apreciación de las artes visuales

Dice Sergio Andricaín, crítico e investigador literario cubano: “El cerebro de cada uno de nosotros es una suerte de "mueble multiuso" construido con neuronas; un mueble dotado de numerosas gavetas, archivadores y espacios varios donde se guarda información muy disímil. A uno de esos archivos del cerebro van a parar muchas de las imágenes visuales a las que nos enfrentamos en el transcurso de nuestras vidas y que, por determinada razón o circunstancia, dejan huella en nosotros. Es una suerte de pinacoteca en la que hay imágenes de toda naturaleza, que aprehendimos en diferentes momentos; algunas quedaron guardadas allí porque nos deslumbraron por su belleza; otras precisamente por lo contrario: por el rechazo que provocaron en nuestra sensibilidad. Pero, en cualquier caso, se trata de representaciones visuales que nos impactaron: que actuaron de un modo u otro sobre nuestra sensibilidad, que nos impresionaron. De ahí la importancia de enriquecer, desde la infancia más temprana, el reservorio de referentes visuales de los niños con obras de reconocida calidad, de diferentes artistas, épocas, escuelas, estilos, tendencias, intenciones. En esa labor de formación de gusto, de refinamiento estético, de afinación de los sentidos, los libros infantiles ilustrados desempeñan un rol protagónico. El libro infantil ilustrado es un camino hacia la apreciación de las artes visuales. Es un medio excelente para abonar la sensibilidad del niño, para abrir sus sentidos a modos diferentes de representar que trasciendan lo figurativo, lo explícito y lo obvio. Es una vía idónea para familiarizarlo con propuestas que sorteen el peligro del estereotipo, del clisé. Gran parte del "almacén" de imágenes visuales que acompañan al niño contemporáneo, está constituido por estereotipos. Ellas suelen ser redundantes, idénticas… que conspiran contra la apropiación de propuestas de representación que utilicen otros lenguajes. "Un estereotipo es una imagen esquemática, simplificada, superficial, de alguna cosa o persona", ha escrito la ilustradora alemana Mónica Doppert, y también: "Esta imagen se nutre de generalizaciones, opiniones de segunda mano y prejuicios; y se reproduce y multiplica irreflexivamente. No penetra en ella la realidad compleja, rica y contradictoria. Es una imagen prefabricada que existe y persiste gracias a nuestra falta de confianza en nuestra propia capacidad de observación y en nuestro criterio, y gracias a nuestra inercia mental". Doppert concluye afirmando que los estereotipos no sólo sustituyen la observación y la reflexión personales, sino que pueden llegar a impedirlas y atrofiarlas, pues "el que usa estereotipos se resigna a ver con ojos ajenos". Los libros ilustrados de calidad, en los que hay cabida para diferentes modos de ver y representar la realidad, son la mejor alternativa contra el peligro de los estereotipos.

"Después de pasar un par de horas en una exposición, nos desenvolvemos mejor en un mundo visual bastante diferente del que dejamos al principio. Vemos lo que antes no veíamos y vemos de una forma nueva. Hemos aprendido", afirma el ensayista estadounidense Nelson Goodman, convidándonos a aceptar que toda experiencia estética es, de algún modo, una experiencia cognitiva. Pero, esa situación que propone Goodman, refiriéndose a una exposición de arte, ¿no podría hacerse extensiva a la experiencia de relacionarse con un libro ilustrado apelando a códigos no estereotipados? Al principio, esos códigos desconciertan, como también desconciertan un nuevo sabor o un nuevo sonido, pero progresivamente los sentidos acogen la novedosa alternativa; no se trata de que comience a gustarnos, sino que desaparezca el desconcierto, la fobia por lo distinto; cuando ocurre eso “hemos aprehendido”.

Sergio Andricaín (resumen realizado por la Maestra Mirtha Palma)

Originalmente publicado en Revista Cuatrogatos.



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